Y aunque lo hayas olvidado y hayas pasado página, siempre quedarán esos recuerdos, esos momentos y esas noches en vela. Esas llamadas a la una de la mañana que podían durar hasta las cuatro, o esas llamadas que no duraban ni un minuto sólo para decir que estaba bien. Porque nunca, nadie, entendió lo nuestro y lo que vivimos.

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